miércoles, 22 de septiembre de 2010

EMISARIOS DEL MAS ALLÁ

Por primera vez en Venezuela, este Taller que ha sido privilegiado en otros países. Nos muestra las realidades del evento más extraordinarios de los tiempos: el contacto del hombre con seres invisibles del más allá, explica el extraordinario evento que comunica al hombre con los


Emisarios del más allá


Contenido:

CANALIZACION: ¿qué es un canal? Perfil, responsabilidad y misión. Condiciones para serlo.

DIMENSIONES Y NIVELES SERES VS ENTIDADES
¿QUE DICE LA HISTORIA, QUE DICE LA CIENCIA?
CANALES AUTENTICOS O ENGAÑOSOS
EL MENSAJE: SU IMPORTANCIA. Reconocimiento de un mensaje auténtico y uno simulado. Su propósito.

Objetivos: Reconocer lo real a lo engañoso o falso. Conocer los canales auténticos, quienes actúan como enlace entre la tercera dimensión y los habitantes del más allá, de quienes simulan serlo. Conectar lo científico e histórico, con lo sorprendente.

Metodología Teórico
Sabado Octubre 2, 2010 9.30/12.30 1.30/4.30 (7 hrs. académicas)
San Bernardino, Avda, Los Próceres, Red. El Marques, Apto. 22 Caracas

Mas información: agendamagica@gmail.com y 0212 5519440

Inversión: BsF 500.- Depositar en el Banco de Venezuela cuenta corriente Nº 01020104770003450628 e informar con tiempo del depósito

sábado, 26 de diciembre de 2009

LIDERES PLANETARIOS, promotores de la conciencia en CEINPLA



Enrique Martínez, Irinia Medina, Ingrid Ianotto,Romayra Arrieche, Ernesto Ramos, Roger Ivan Castillo, Hugo Escalante me acompañan en la foto, que la toma Felicia Ianotto.

viernes, 6 de noviembre de 2009


Mila Dole Psiquica y escritora de altura, me acompaña. Una nutritiva conversa en un cafe en Callao. Propiciando una posible sorpresa de CEINPLA en aquel país.
Reciente viaje a Buenos Aires, Argentina Septiembre 2009.

jueves, 5 de noviembre de 2009

DIALOGO CON EL SER

En más de una oportunidad me he encontrando sosteniendo una conversación con Martha. Una amiga que pocos conocen. Una cuita que se habla en susurros. Como si desde alguna escondida inmensidad mi ser se expandiera, adquiriese equilibrio y pasara a formar parte de una conciencia inteligente capaz de ser creativa, sensible, y la cual se expresa desde esos espacios.

Allí nos encontramos, dialogamos.

Es una sabiduría que ni ella ni yo conocemos, pero que pregona su carácter ancestral. Un conocimiento que se aleja de los dogmas limitantes, y que ensarta por igual una celebración mundana o un período de recogimiento, si se quiere, algo místico. Saturada de una insondable cantidad de figuras que no necesitan de espejo para reconocerse iguales.

Es la capacidad de concentrarse en la manera como emergen las ilusiones. Se van conformando de pequeños trozos de espejismos, custodios del mañana y entonces el deseo adormecido despierta.

Crea. Se da permiso.

Caracteriza la magia del olvido que varía en intensidad dándole a la razón la habilidad de implantarse a si misma.

Es un lugar donde compartimos y, a la vez, lo hacemos con otros integrantes del mismo grupo de seres cuyas razon principal de vida es comunicarse. Es una de las formas de estar alerta, por que allí reside la divinidad.

Entonces descubrí que la más importante relación que tenemos es con el ser. Con quien nos habla quedo pero firme, nos muestra el camino que a veces nos parece árido porque no vemos las flores que lo enmarcan. ¡Son tan pequeñas y aparentan tan poco…! Es quien nos señala la leyenda de su vida, nos muestra como se creo un mito que en el tiempo se va fortaleciendo, quien abre la ventana para que el aroma de mandarinas penetre y nos habla con la antigüedad de viejas armonías.

Y sí que conversamos las dos. Desde un inexplorado lugar del siempre, encuentro que hace mucho que fue así que nos hicimos amigas.

domingo, 30 de agosto de 2009

HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARE…

La noche anterior, con setenta y dos invitados, todos familiares más o menos próximos, se había celebrado la boda de Aymara. Tres años de noviazgo velaron otros tantos de oculta complicidad culminando en el casorio.

Se habían conocido en un baile de quinceañeras. Ella ya no lo era. Iba acompañada del joven que la pretendía. Él era el invitado de honor. Estaba a la conquista de la hermana de quien había armado la fiesta. ¡Y que sarao éste! Tequeños, pastelitos, taquitos de jamón coronados con otros de queso y las infaltables bolitas de carne, complementaban el convite.

Entre Aymara y Rosendo, ojitos iban, ojitos venían. En una de tantas vueltas que daba la música, pasaron de ojos a manos, y a la salida de la fiesta ya había un acuerdo de encuentro.

Y lo hubo.

Sólo pasaron horas desde la despedida de la noche en que se conocieron, para que Rosendo tocara la campana de la casa de Aymara. Abrió la puerta la matrona del lugar, sorprendida por el empaque del joven que la enfrentaba. Con una flor de cayena en sus manos, la saluda –pomposo-, y con prisa le hace saber que la noche anterior quedó deslumbrado por su hija y aquí estaba, en su búsqueda.
Lo que calló es que ya había un casi compromiso entre la hermana de la dueña de la fiesta y él.

Eso, bien que lo silenció.

Angelina, la madre de Aymara ya lo había identificado, aunque alcahueta, sin decirle nada le acompaño a la sala. Mientras la hija se arreglaba para ir al encuentro del galán, la madre lo agasajaba con un colao, café claro preparado con una rama de canela. Así, hábilmente, le sacó la información que luego le serviría para precisarlo.

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Siete semanas fueron suficientes para que se armada el escándalo mayor en la pequeña pero apretada comunidad. El novio de Aymara pidió explicaciones. La novia de Rosendo exigió cumplimiento. Ni el uno ni el otro se dieron por aludidos, y mientras los dimes y diretes eran la cotilla de las tenidas de chismes, la pareja dio inicio a las de manoseos.

Poco tiempo pasó para ir a la acción con un riguroso conteo de los días propios para engendrar. En esos, Aymara aprendió –con su dúctil maestro- a girar su cuerpo. Todo con tal de evitar el embarazo. Todo con tal de no prohibirse un rato de placer.
A Rosendo lo traía como loco. Inventaba sonatas y fugas que lo mantenían enardecido, hasta que no le quedó más remedio que pedir su mano, puesto que todo lo demás ya lo había obtenido.

Preparativos, corre corre, buscar los recuerditos, ordenar el banquete, amén de una aparatosa torta de bodas, con los correspondientes pisos que –en el tope–, mostraban una cándida pareja de novios.

El padre Herminio de la Cruz Yfollar, a quien todo el pueblo conocía como el Padre Yfollar, tenía dispuesto desde el órgano pulido y afinado hasta las flores, frescas y olorosas. El altar mayor relucía cuando Aymara y Rosendo hicieron la pasarela. El sacerdote se lució en la liturgia. Los novios se esmeraron en las miradas que se obsequiaban. Los familiares, acompañados de algunos invitados, soltaban alguna deliberada lágrima.

Un ollón de caldo de gallinas y verduras troceadas fueron la continuación del brindis de ron con jugo de parchita y toques de agua soda, para darle un tono ámbar que, acompañado de burbujeo, semejaría la champagne.

Los familiares pasaban a felicitar a la novia, sobrina de unos ahijada de otros. Ella modosa, jugaba a dar la apariencia virginal que se esperaba. ¡Y vaya que lo representaba a carta cabal!, si hasta se ruborizaba. Pero sólo del cuello hacia arriba, porque del resto, los rubores eran ya historia antigua.

Los más viejos la manoseaban un rato con la excusa de darle un abrazo de felicitación. Eso si, procuraban siempre que las dos masudas protuberancias les rozaran aunque sólo fuesen los hombros.

La fiesta no fue muy larga.

A las once de la noche ya la doncella apremia al consorte para que se fuesen y así lo hicieron. Con pocos avisos y ninguna despedida, se desdibujan del salón del festejo. Atrás dejan el jolgorio, los pocos pastelitos que quedan y más de la mitad de la torta de pisos, a la que previamente le han quitado uno para guardarlo como recuerdo.

Tan pronto partieron la música cesó. Los invitados comenzaron a despedirse. Cada uno llevaba –envuelto en celofán-, una parejita plástica de novios como recuerdo de la ceremonia. Otros, en una servilleta de papel, esconden un trozo de torta, pues alegan que desayunar con ella traería buena suerte.

Los parientes de los recién casados, acongojados y mustios, con la nostalgia de la pérdida y la tristeza de unos tragos de más, también se fueron.


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La casa, vacía, parecía el palacio de la magia. Al abrirse la puerta de entrada, justo al frente, una alfombra de pelo alto exhibía sobre ella, oronda, una mesa ovalada de palo de rosa, repleta de figuritas de Capo DiMonte. Unos pasos más allá, la foto maquillada de los dueños de la casa, gobernaba el espacio. Sonrientes si bien rígidos en su expresión corporal, mostraban su recientemente adquirida prosperidad.

Ahora se encontraban de viaje. Era preciso renovar sus vestuarios y Angelina, la fiel Angelina, quedaría como siempre a cargo no sólo de la casa y la piscina, sino también de la colección de periquitos; los australianos, los zulúes y los…. Ella era infalible y honesta. Todo lo hacia con lealdad y prudencia.

La mañana que siguió a la boda, Angelina tenia un ratón cuya cola le servia de estola. Al despertar llamo a la comadre, una vecina y dos primas. También convido a Perucho el carnicero de la tienda del frente; a un hermano de Rosendo a quien algunos tildaban de “raro” por sus delicados modales. Sin embargo ella le había descubierto miradas que la sofocaban. También invitó a un amigo que vivía en una pieza alquilada algunas casas más allá. Hombre solitario, bebedor de cerveza, único ser letrado del vecindario. Ocasionalmente ella le convidaba a una “fría” que él aceptaba mendigando la compañía que de otra forma no tendría.

Se habían hecho confidentes.

Los invitaba a un almuerzo tardío. Celebrarían la boda.

Las primas fueron encargadas de abrir a quien tocara la puerta. Las dejó a orillas de la piscina, no sin antes ofrecerles la guarapita que anoche no habían consumido, una botella de guisky y mucha Coca Cola.

En la cocina había bandejas de pernil sobre rodajas de pan y otras de sanguches de pisos rellenos de pasta de jamón en uno con pasta de queso en otro. Quiso poner unos panecillos con ese pescado ahumado que había aprendido a degustar, pero huele a podrido y prefirió no hacerlo, cosa de que sus invitados no tuviesen su mismo paladar. Un redondel completo —parte de la torta nupcial de la noche anterior— acompañaría el almuerzo.

Uno a uno los escasos invitados fueron llegando. Las carcajadas se expandían por toda la casa a la par que un olor dulzón a melao algo rancio, propio de las casas cerradas.

Tan sólo por hoy Angelina se había mudado a la habitación de huéspedes de la mansión. Allí tenía todo listo para cambiarse de ropa y pasar la noche. Mientras en el piso inferior todo marchaba a las mil maravillas, ella procedería a arreglarse.

Triunfal, apareció vestida con el mismo traje que la noche anterior engalanara la falsa doncella. Sus cortos y desteñidos cabellos sobresalían de una pamela de ala ancha con un puñado de margaritas, todo cubierto con un agrisado velo de tul y sin mayor maquillaje que un rabioso rojo mordiéndole los labios. A su lado, el “raro” la escoltaba.

Trajeado de blujin negro, franela blanca de marga larga con una corbata sobrepuesta, y zapatos de goma negros con trenzas rojas, él se dejaba conducir —airoso— por su futura esposa.
Sin más invitados que los que había, Sempronio, el amigo de la doña y de las frías, se alistaba para comenzar la lectura de los preceptos que marcan toda unión “hasta que la muerte los separe”.
El nuevo amanecer mostró a la recién casada aun pasada de tragos, con su habitual uniforme de doméstica en casa de ricos y empuñando el arma cotidiana: una escoba.

miércoles, 26 de agosto de 2009

EN BUENOS AIRES

TALLER: CONTACTO CON HERMANOS ESTELARES
Lunes. 8 Set. - DE 15 A 18 hs. Espacio: MAGNOLIAS EN FLOR
Organiza: Graciela Sartoretti, Coord. de GRUPO FÉNIX Internac.
eMail: grupofenixeventos@yahoo.com.ar / T.E. 154052-7996

domingo, 2 de agosto de 2009

SE LLAMA IÑAKI, crónica viajera

Pocos saben que el tren Altaria que va directo de Madrid a Pamplona. Le acerca posteriormente, en carro, a un lugar tan hermoso como San Sebastián. Teniendo como apoyo al mejor de los guías, fue como lo supe yo


¿Una mera curiosidad? No. Tal vez una excusa para mi merecido descanso y aproveche la invitación de Iñaki a visitar su tierra y hacia allá fui. A conocer el terruño de un ser que le teme venir a mi país, así lo dice la familia de su esposa, aunque yo no le tema al suyo: es San Sebastián en el país vasco. Sede de donostiarras y etarras. Allí vive Iñaki. Nació en ese lugar y lo ama.
Seductora y atractiva, San Sebastián es una ciudad que enamora los sentidos. Allí me recibió como a una reina. Un auténtico caballero de la España contemporánea, que se asemeja en costumbres, educación y cortesía a los de antaño.

Todo lo que yo deseara lo resolvía, allanándome el camino, paseándome por su cuna, mostrándome mucho más de lo que vemos en las fotos de ésta crónica. Dejándome ver las bondades de ese lugar; San Sebastián, en realidad merece nota aparte en ésta crónica.

Justo frente al Palacio de Congresos y a los auditorios donde se celebran los festivales de cine y jazz, me ubicó. Atendida por Julia y su hija, es la Pensión Kursaal. Parte del grupo Pensiones con Encanto y así son: con encanto. Hasta el desayuno lo traen a la cama, ¡que más se puede pedir!

A orillas del Cantábrico y circundada de montañas siempre verdes –llueve con frecuencia–, la bahía, en forma de concha marina, enmarca las aguas de un tinte que no parece natural. El azul intenso del mar baña la pequeña isla de Santa Clara. Desde el Torreón ubicado en la cumbre del Monte Igueldo se divisa lo que ven en esta foto.

Imposible visitar ninguna ciudad del planeta sin ir a su mercado. Ésta no fue una excepción. La encantadora zona antigua de la ciudad conserva restos de construcciones medievales, allí se encuentra el mercado. Allí se comienzan a elaborar los “pintxos”, delicias y tapas en miniatura, donde la juerga se hace algarabía. A esa parte vieja, cercana a la Plaza de la Constitución, se le entra por el Mercado de La Bretxa. Es un mercado que hoy en día se ha convertido en un centro de ocio y comercios, aunque por uno de los costados, los productores del campo traen sus exquisiteces, las exhiben y venden en horario restringido.

Los primeros cuatro meses del año figuran como los del rito de la sidra. Ésta se sirve espumosa en el vaso al caer directamente de la kupela, barrica especial. El dueño grita “txotx” para abrir una de ellas y servir a los presentes. Tal degustación es todo un festival que se acompaña de bacalao con pimientos o bien en tortilla, y culmina con postre de membrillo.

Si bien la fiesta de la Tamboreada –festejando al patrono de la ciudad– se celebra también en Enero, Junio es un mes especial: Allí, en plena plaza de la Constitución se bendice e árbol de San Juan para luego arrancar el baile, el aurresku. Y en toda la ciudad, la magia invade San Sebastián pues llegada la media noche se encienden las fogatas que indican el inicio del solsticio de verano.

Son muchas las maravillas de ésta ciudad, pero lo que me llamó la atención, es que es sede de muchas sociedades gastronómicas. Iñaki también pertenece a una de ellas, pero no me invito. Como dato curioso, a estas sociedades les esta vetada la entrada a las damas, salvo cuando se las invita. Esto debe hacerlo, desde luego, un miembro de la sociedad y en días específicos. Pero pertenecer a ella ¡oh no!. Creo que nuestras naturales condiciones los tienen asustadillos, y prefieren la austeridad de sus fogones sin la presencia femenina auscultando todo cuanto allí ocurre y a todos cuantos concurren.

Llama también la atención una Cava de Puros, el Estanco Ma. Teresa Nava. Allí, su dueño Carmelo Endolz les conserva a temperatura y humedad adecuada para que luego se encuentren en condiciones óptimas para el consumo. Y no se lo pierdan, algunos lugares con música eminentemente latina, excelentes lugares de esparcimiento nocturno.

Junto al aeropuerto de San Sebastián a unos 18 km. de la ciudad y en la frontera con Francia, me encuentro el Parador de Carlos V, que está en la ciudad de Hondarribia, antes Fuenterrabía. Salir de San Sebastián, cruzar el punte del río Bedasoa que separa Irún (en España) de Hendaya (en Francia) fue tan sólo más de lo mismo. Desde allí –Hendaya– sale el tren de alta velocidad hacia Paris y sorprende que España aun no haya prolongado la ruta del AVE, su tren de alta velocidad, para empalmarla con ese otro tren rápido que uniría ambos países de punta a punta.

En uno de los menos ruidosos lugares de allí, nos acercamos a tomar el hamaiketako, suerte de refrigerio que a las once de la mañana se hace indispensable. Todos tienen nombres específicos y van desde los “pintxos” de foi hasta las anchoas con piquillo, o bien el hojaldre con queso hasta las bolas de marisco o unas frescas anchoas fritas. Es la temporada cuando ellas se acercan a éstas costas y se encuentran muy nuevas en cualquier lugar.

Hablar de tierra donostiarra es hablar tanto de un festín gastronómico como de otro para el alma: de gente con clase, alegría y bullicio, arte y ocio en reluciente combinación. De hermosas tiendas, de un ámbito sinigual en sus callejuelas que contrastan con aspectos más modernos. De los mejores pescados, de una degustación de calidad y una oferta variada para el entretenimiento.

Es convivir con el Peine del Viento, donde el mar y la combinación de piedra con hierro forjado son los protagonistas de un paseo único en su estilo, pero se distinguen por las numerosas farolas que se encuentran diseminadas por toda la ciudad.

Y claro que regresaré, y los invito a ustedes a hacer éste mismo recorrido, segura de que disfrutarán tanto como yo. Sólo que les sugiero quedarse más tiempo, ¡hay tanto que ver y disfrutar!

Regresare para ir a la Parte Vieja, a Gros y a Hendaya, a la Bretxa y a intentar que en la próxima vez se me invite a una sociedad gastronómica. Si eso ocurre, entonces les contaré más.

Sus comentarios, preguntas e inquietudes son importantes para mí. No dudes en hacérmela saber.