lunes, 6 de julio de 2015

DIOSAS DE NUESTROS TIEMPOS


Desde hace un tiempo, vengo investigando y escribiendo sobre Diosas, Magia y Hechizos. Así mismo observo que muchas personas comienzan a celebrar los aspectos femeninos de la vida, hasta ahora largamente ignorados, olvidando que, en los inicios de la civilización occidental, hubo culturas que honraban a su deidad interna.

Cuando cito las Diosas, no me refiero a las de algún panteón de alguna remota cultura, me pronuncio por esas maravillas de mujeres de todos los tiempos. Pero también me he encontrado con otras, a las que podría llamar Iniciadas. Son entre otras muchas Teresa Carreño, Indira Ghandi, Golda Meir, Juana Inés de la Cruz. Pero estas tampoco son todas, hay muchas pero muchas más. Mujeres batalladoras, de lo cotidiano, sean amas de casas o profesionales. Sean obreras o investigadoras de la ciencia, la actividad a la que se dedican, no es relevante para esta nota.

Tanto me ha gustado el tema que escribí un libro sobre él, Diosas, Magas e Iniciadas, pero ahora deseo referirme a esas otras nuevas Diosas. A dos de estos personajes las conocí en uno de tantos programas a la que soy invitada. 

Una diosa no es un Dios con faldas.  

Es una mujer que experimenta eso que llamamos el sagrado femenino, que no es otra cosa que su propia divinidad: su deidad más profunda. Su capacidad de hacer, crear, la inventiva cotidiana, los retos profesionales, también lleva a cabo con gallardía la odisea de la vida, al tiempo que se es mujer.   

Conoce sus atributos físicos pero también sus defectos. Sus destrezas y sus torpezas. Y aún así, es combativa, capaz de distribuir su día en muchas más horas de las que le indica su reloj, son tantas las actividades que acomete. 

Al mismo tiempo se proyectan hacia el presente futuro: contrae compromisos, trabajan por igual su físico y sus emociones, se separan de lo ambiguo para centrarse en lo concreto, ceden y comprimen cuando es preciso. Son modelo de desempeño aunque reconozcan sus fallas. Descubren la semilla de la transformación  y la activan.  

Son las diosas de nuestros días. Todas merecen se las reconozca, pues han encontrado la fórmula para mostrar a otras mujeres lo que también esas otras son capaces de hacer.

 

 

 

 

 

 

 
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