sábado, 20 de abril de 2013

REFLEXIÓN SABATINA


El éxito es algo que todos deseamos, por lo que mucho hay que trabajar para que los logros nos lleven a él. No se trata de milagros ni de una pastillita que ingerimos para librarnos de un malestar, es un instinto espontáneo,  un ritmo de trabajo sostenido donde la palabra no tiene doble discurso y se reconoce el poder de ella, donde todo cuanto ocurre se hace desde la mejor intención. Son pequeños y grandes detalles que nos conducen a la conquista del triunfo, del reconocimiento.
Lo que sin duda no podemos hacer es escondernos como el avestruz. Asomar los ojos para ver únicamente el entorno inmediato pero con la cabeza literalmente escondida y con los temores a flor de piel. Lo que disminuye el impulso con que se va hacia el ansiado éxito es no elevarse más allá del promedio, opinar sin conocimiento de causa, como a veces ocurre en las redes sociales, tan de boga en estos días. Esas cosas las notamos  en los comentarios de personas que a veces ni viven en nuestro país, pero que se atreven a emitir juicio sobre temas absolutamente desconocidos  para ellos. Oyen rumores, leen comentarios, pero no son copartícipes de nuestra cotidianidad sin embargo se permiten emitir opinión.
Ah! y con el agravante de herir susceptibilidades e incluso a veces, hasta ofender. ¡Qué mala costumbre creer que con insultos y palabrotas logran sus objetivos!
Aquí mismo, hay quienes adjetivándose como “seres de luz” intentan asustar con karmas a quienes actúen o piensen diferentes. ¿Será que no conocen lo que es el libre albedrío? Estoy segura que no conocen que el karma se activa tanto por acción como por omisión y callar es una de ellas.
Cada uno de nosotros, dentro de las más puras reglas de respeto tenemos el derecho a opinar no necesariamente igual al otro. Ambos tenemos la obligación de actuar con compostura, honrando el libre albedrío de la otredad. ¿Qué no estemos de acuerdo? Y ¿en qué clausula está escrito que tenemos que estarlo?
La diversidad es importante. De ella nace una mejor vida para todos, prolifera el aprendizaje de aquello que no conocemos y se expande el conocimiento de unos y otros.
Les propongo seguirnos expresando, pero dentro de estas normas, que contribuyan a mejorar nuestra convivencia ciudadana sin darle espacio a la promoción de sentimientos bastardos. Vamos unidos, aunque pensemos diferente.

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