domingo, 10 de abril de 2016

CUERPO DE LUZ, PROTECTOR INFINITO

Todo cuanto vive, sea una bacteria, un planeta, árbol o el hombre, está envuelto de un cuerpo altamente luminoso que por su misma característica conoceremos como cuerpo de luz. Si, es un elemento que no conocíamos y que podría confundirse con el aura, siendo ambos de notable diferencia. La primera se encuentra muy separada del cuerpo físico y la segunda pegadita de la piel.

La primera encapsula  el cuerpo físico y le transmite información, pero fundamentalmente lo protege de aquello que puede dañarlo. Es un campo de luz de muy alta frecuencia con conexiones lumínicas que forman una red conectada a todo el cuerpo físico, allí se encuentran poderosos vórtices de energía que lo regulan y mantienen en equilibrio y mantienen la funcionalidad biológica. Precisamente en ese cuerpo de luz, es donde se encuentran los meridianos de los que tanto hemos escuchado hablar, posee un intercambio permanente de luz y conocimiento que podríamos comparar con el disco duro de nuestra computadora, es algo así como un archivo estelar viviente.

Es parte del universo, es el patrón creador del cuerpo humano, pero al mismo tiempo y de una u otra forma, su extensión nos interconecta. De allí el precepto de los místicos teóricos de que todos somos uno.

Pero ¿de qué está formado? Ni más ni menos que de innumerables átomos de luz, corpúsculos a los que llamaremos códigos, partículas de luz inteligente y coherente. Hemos escuchado frecuentemente decir “todo el conocimiento está dentro de ti”, pues no exactamente, pero si muy parecido. Pues esos códigos tienen capacidad creadora, contienen un gran banco de información infinita que el hombre acumula en su ser, y que poco a poco, se van abriendo para expresar el conocimiento que contiene, que por cierto no es todo. Por eso regresamos para completar las asignaturas pendientes, que son muchas. 





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