domingo, 15 de mayo de 2016

ELEMENTALES, HABITANTES INTERDIMENSIONALES

      


"Me ha asombrado saber que hay personas  que nunca han visto un gnomo.
No puedo dejar de sentir pena por ellos.
Estoy  seguro de que deben tener algún defecto en la vista".
Axel Munthe


Aunque estos seres muy poco se dejan ver, ya Anaxágora, el filósofo griego del siglo V aC., en su libro Sobre la Naturaleza, decía que había habitantes inteligentes similares a nosotros,  moradores de mundos paralelos al que conocemos pero con las mismas características: ríos, viviendas, comidas, ciudades completas, etc. Y no solo se citan en este libro, son muchos los textos antiguos donde se menciona de una u otra forma a estos pequeños seres.

La Cábala, habla del geniecillo que vive bajo tierra y ayuda al rey Salomón en  la construcción del Templo de Jerusalén. Pero de una forma más decidida, es el Talmud, “una compilación de comentarios sobre la ley mosaica” en el cual se lee que  tanto animales como plantas están habitados por estas diminutas criaturas. Por 1040-1105 el ilustre comentador de la Biblia y el Talmud, Rabí Shlomo ben Yitzjak mejor conocido por su nombre abreviado Rashi, le dio al conocido gnomo Shamir la forma similar a la culebra.

Okuninushi, uno de las deidades del Shinto japonés, tras muchas peripecias en su vida, describe a un dios que montado sobre la corteza de árbol navega sobre la cresta de una ola y viene en su ayuda. Es un enano llamado Sukuna-bikona, el cual cabe en la palma de su mano, cuyo poder es tal, que entre ambos deciden construir el mundo para bien de la humanidad, dedicándose primordialmente a erradicar las enfermedades.

En la mitología del Sudán, los kurumba hablan de del “genio del agua” y del “genio de la tierra”, semejante a Domfé, nomo de los dogones.

Nativos de las costas de Guinea, y como parte integrante de la cultura yoruba,  aparecen los  duendes güijes.

Las mil y una noches, los cuentos de hadas, Blanca Nieves y los siete enanitos, relatos que nos muestran invisibles seres feéricos, o gente minúscula.

Y así, bajo innumerables nomenclaturas, relatos y anotaciones mitológicas, aparece un contexto que se maneja en dimensiones diferentes a la que fácilmente el hombre puede notar. Realidades de existencias diferentes, pero no menos ciertas, a veces explicadas como espejismos. Inaccesibles por invisibles más jamás irreales: ¡nos acompañan siempre!


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