miércoles, 27 de julio de 2016

UN ECO EN EL PACIFICO

Durante la guerra fría los submarinos norteamericanos usaron una serie de micrófonos para detectar el tráfico de submarinos rusos en el Pacífico Sur. Pero ya no tenía sentido hablar de guerra fría, pues esta había finalizado, cuando se evaluaron los registros de esos micrófonos.

Sin embargo el Centro Nacional Atmosférico y Oceánico no había dejado de usar micrófonos ubicados en las profundidades, ellos estaban muy distantes entre sí, a veces hasta cinco mil kilómetros. Aun así, habían logrado grabar un asombroso sonido que venía del fondo oceánico del Pacífico Sur.

Eran ecos lentos y decrecientes de ultra-baja frecuencia que duraban unos siete minutos, y aunque se logró ubicar las coordenadas que correspondían a esos sonidos, no así su fuente emisora.

Se pensó que el sorprendente sonido venía de una ballena de gigantescas proporciones, otros lo atribuían a una suerte de calamar enorme, pero posteriores investigaciones indicaron que ninguno de estos animales era capaz de emitir ese sonido.

Sólo encontraron una coincidencia literaria: hace unos ochenta o noventa años atrás el norteamericano Howard Lovecraft, escritor de temas de ciencia ficción, en varios de sus sorprendentes textos había hablado de eventos que posteriormente fueron realidad. Es el caso de la ficticia ciudad sumergida que alberga muchos secretos, como su obra La llamada de Cthulhu en la que habla de una bestia también llamada Cthulhu. Pero no es el único monstruo inventado por su imaginación, también están las deidades, quienes para comunicarse entre sí producían sonidos de frecuencias ultrabajas.

¿Qué hay en esas profundidades que creo aquel sonido? Porque ya hace más de quince años que no volvió a escuchar.


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